Mi corazón palpita al oir los primeros compases, me estiro lánguida, escucha mi cuerpo la música en su interior, respiro profundamente , una vez, dos, cierro los ojos y me dejo llevar de su mano.
Soy su presa. Se unen libido y tango, me abandono en sus brazos y ya frente a frente, mi mano en su nuca, la suya recorre mi espalda en ese abrazo tan sensual.
Esperamos un tiempo y comenzamos a movernos y transportarnos a ese maravilloso mundo del bandoneon quejoso.El violín se vuelve íntimo.Entre sus brazos me siento etérea, liviana,como si flotara en un líquido amniótico celestial.Su pierna roza mi muslo en un firulete que me eriza la piel.
Pausa, me mira a los ojos, veo, siento la sangre latir en mis venas,el aroma de su perfume me embelesa.
Clímax que se sublima cuando nuestros alientos se encuentran, giramos, siguiendo el desenfreno del bandoneon.
Somos uno, mejor dicho tres, el ,yo y el tango, sufrir, gozar,llorar en el lamento.Estalla en mil espinas clavadas en nuestro cuerpo,por el aullido terminal de la nota estirada hasta la angustia.
Bailar, quedar, moldearse , bajo el sonido lastimero de un fueye.
Somos uno, unidos por la danza, no hay distancia, no hay luz entre los dos.Entregados a los sentidos,cabezas juntas,atentos, rodeados por las notas, pausas y silencios.Ondulamos,bailamos,volamos.
El me sostiene, el dorso de su mano me dirige, mis terminales nerviosas concentradas en ese punto en la espalda,floto en sus brazos.
El tango vencido se arrastra,agoniza y trágicamente termina.
Tango que me hiciste mal y sin embargo te quiero…..