Como tantos otros viernes, ahí estas, en el anden de le estación del metro, compañero de viaje, impecable en tu traje azul oscuro, (oscuro como mis pensamientos) como siempre ignorando mi existencia.
El vagón esta atiborrado de gente, muy normal en ese horario.
Quedo justo detrás de ti, casualidad? Que crees?
Estamos a pocos centímetros de distancia, veo tu espalda, tu nuca, me llega un rumor de tu perfume, no lo percibo bien y me acerco aun mas, mi nariz queda a la altura de tu cuello, inspiro suavemente y me inunda tu perfume , bendito el creador de esas esencias celestiales!
Me dejo llevar por mi imaginación, cierro los ojos y me acerco un poco mas, no hay distancia alguna entre nosotros, me siento mareada por las sensaciones, el deseo y mis pensamientos. Suspiro y lo notas, inclinas tu cabeza para mirarme de costado. Te acomodas y parece que lo disfrutas.
Una gota de sudor se desliza entre mis tetas, la siento bajar lentamente hasta mi ombligo. Hace calor o soy yo?
Sientes mi respiración en tu cuello y veo como se te eriza la piel, tengo ganas de mordértelo, pero no, me contengo. El vidrio de la ventanilla nos devuelve el reflejo, veo que me miras y sonríes. Con tu mano libre me atraes bruscamente hacia tu espalda, no puedes moverte mucho, siento el calor de tu cuerpo, el del mío, tu fragancia, el vaivén del tren, hacen que me sumerja en mis fantasías y sueñe que solo yo soy el objeto de tu deseos. Te abrazo y apoyo mi cabeza en tu espalda y me entrego a lo que sea, a lo que vendrá, a lo que quiero y a lo que quieras tú. Esos leves minutos eternos, en que estamos solos entre la multitud
Una frenada me devuelve a la realidad, es mi estación! Debo bajar, te doy un beso rápido en el cuello, dejo la marca de mis labios en el y salgo sin mirarte. Hasta la próxima o hasta nunca, fue un placer compartir este viaje contigo.