Los peores errores que uno puede cometer son los de omisión. Con el tiempo, uno no deja de preguntarse que habría sucedido

si en aquella encrucijada de caminos, hubiera tomado aquel otro camino que tan tentador se ofrecía frente a nosotros.

Sin embargo, poseemos la imaginación, el arma más poderosa que se pueda concebir.

Ella nos permite atravesar fronteras que en la física, en la lógica e incluso en el sentido común, se nos presenta como infranqueables.

Con solo cerrar los ojos y dejar fluir la mente vivimos existencias imposibles.

Pero lo más extraordinario es que esta posibilidad nos aborda, aun si buscarla ni desearla.

Días atrás, lo sentí en carne propia con tal intensidad que quedé sorprendido.

Todo comenzó cuando tumbado en la cama boca arriba, la punta de una lengua se delizó a lo largo de toda mi pija.

Un escalofrío me recorrió la espalda y la forma de otro cuerpo vino a mi mente. Al principio fue solo una imagen, aunque con

el tiempo fue tomando forma como si un fantasma se encarnara y tomara posesión del cuerpo de mi partenaire.

Podría dar detalles, (mi verga, por ejemplo, pocas veces -acaso nunca- tuvo tan prolongada y tiesa erección-.

Era la primera vez que cojía a una mujer distinta de la que me estaba cojiendo. No era su concha la que penetraba, ni eran sus gemidos,

tampoco eran su cabellos de los que me sujetaba con fuerza y no eran sus pezones los que besaba.

Quería que aquello durara lo máximo posible, así que la di vuelta y acariciando el culo de quien mi imaginación imponía,

la penetré una y otra vez lentamente. Extraía mi verga casi en su totalidad y volvía a introducirlo con delicadeza.

Mordí mis labios para no pronunciar otro nombre en aquel momento, ella mientras tanto gritaba que nunca había cojido así conmigo.

Que nunca había sentido una verga tan gorda y larga y que llevaba dos orgasmos y estaba a punto de tener el tercero.

No sé, nunca lo sabré cuánto duró. Tampoco sé por qué fue esa vez y no otra antes. Mucho menos sé si volverá a suceder.

Lo único que sé, es que hace un par de días te cojí como nunca nadie antes te cojió.

Tal vez te sorprenda esta confesión, o tal vez te desagrade. En mi defensa, sólo diré que no gobierno mi pija ni mi imaginación.

¿Será la única vez? Esa pregunta me apremia.

Quisera que no. 
Gracias por tan erotico texto Javi , siempre en mis pensamientos.