El tiempo pasa y aquellas fechas que significaban algo se van borrando de tu memoria. El tiempo elige que recordar , selecciona recuerdos. 

Momentos que quedan en algún rincón de tu cerebro esperando un día salir a la luz.

El tiempo te hace tomar distancia, ver las cosas de otra manera, como un simple espectador y ya no como un actor.

Aquel 25 de agosto de ese año que ya no recuerda, esa noche fría y húmeda como tantas en Buenos Aires, conoció a Hernán,   20 años menor. Un chico con aspecto desvalido,  desamparado y triste. Su juventud, su inmadurez, sus problemas de hombre joven, le resultaron atractivos y hasta simpático, sin saber que todo aquello que una vez te gusta, con el tiempo se transforma en hastío.

 

Le abrió las puertas de su casa, de su dormitorio y de su vida A pesar de sentir que había llegado demasiado tarde a su vida, lo cobijo como a un cachorro. 

Incesto psicológico? Quizás

 La furia incontenible con la que ella se adueñaba de su cuerpo , de su pene, , de su boca, era su enfermedad

Se enamoro de su pija, si es que eso se puede, larga y no muy gruesa, pero si lo justo , curvada hacia un lado. La ausencia de vello púbico le fascinó.

Su actitud en el sexo, a veces salvaje y otras pacifica, hizo que perdiera la cordura. Solo fue desearlo, querer tenerlo, poseerlo.

Sus manos la tocaban como nadie, con el aprendió nuevos gozos, exploraron con sus lenguas , momentos compartidos entre ellos y con otros. No dejaron orificio, saliva, fluidos sin conocer.

Se contaron los secretos mas escondidos. Se degustaron, se bebieron, se tocaron hasta el cansancio.

Sus caprichos mas insólitos fueron cumplidos. Ella cedía ante cualquier reclamo por mínimo que fuera, para evitar el disgusto. Se encontró inmersa en una maraña de mentiras, arrastrada como por una ola gigante a hacer cosas que no quería 

Y así fue que de cazadora paso a ser cazada. De animal depredador a victima. De ser libre a estar encadenada a el y sus antojos.

Sus verdades eran mas dolorosas que sus mentiras, sus ausencias y sus desplantes fueron cada vez mas frecuentes. Los abusos se hicieron cada vez mas frecuentes. A veces , sus preguntas insistentes, tenían mucho de celos, aunque el negara sentirlos.

Ella desesperada, ante el fin que se veía venir, cometía error tras error , en su afán por reflotar lo que ya estaba hundido.

 

Y como no podía ser de otra manera, lenta y agónicamente fue terminando esa patética relación. Esa madrugada , en Ezeiza, cuando se despidieron luego de retornar de un viaje. El sin el mas mínimo atisbo de cariño , ella con el corazón harto y cansado le dijo adiós. No le fue fácil. Pero comprendió que algunas personas solo están un tiempo en su vida, y el  de Hernán había llegado a su fin.